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Hola.

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Holy Molly! Qué buena que está Stranger Things. Hacía mucho que una serie no me producía esas ganas de que llegue la noche para ver tres o cuatro capítulos al hilo antes de irme a dormir. Un grupo de amigos aventureros, una conspiración gubernamental para ocultar eventos paranormales, un caso por resolver, una nena con poderes, humor, suspenso. Todo basado en los ochentas y en un pueblo de mala muerte. Sí, está llena de clichés, ¿pero a quién le importa? La atmósfera me lleva a mis diez años, a volver a ver una película de Steven Spielberg por primera vez, mientras que la historia tiene elementos que me recuerdan un poco a mis queridos X-Files. Como suele pasar con las primeras temporadas, ocho capítulos me quedaron cortos. ¿Y ahora qué miro?

Enganché una película —que después supe que se llamaba Ex Machina— que me llamó la atención. No tenía intenciones de verla, pero justo enganché el diálogo entre un flaco que decía ser un programador avanzado y una chica que claramente era un robot. El programador parecía estar aplicando el test de Turing, y de paso enamorándose de ella. Además hablaban de un segundo y gran programador, un tal Nathan. Y ya con eso la película captó mi atención. Igualmente, enseguida pintan a Nathan como el villano de la película: un creador de humanoides con inteligencia artificial y quizás conciencia que luego termina por eliminarlos para crear mejores versiones. Caleb —así se llamaba el otro programador, el bueno— ayuda a escapar de su celda a AVA —nuestra humanoide preferida—, que lo primero que hace es asesinar a su creador, Nathan. Por un momento pareciera que Caleb y AVA van a ser felices por siempre, excepto que la chica robot se escapa y lo deja encerrado en una celda sin posibilidad alguna de escape. En el medio hay algunas reflexiones sobre la inteligencia artificial, y su evolución. En fin: no es para volverse loco, pero es buena. Otras películas que exploran la misma temática pueden ser Yo, robot y Her.

If I want to get hired to do something, I should already be doing it. People can’t always see potential energy. Instead of allowing a current job description to stand in the way, turn off the Scrubs re-runs and start a side-project. Draw a picture, code a site, or write something and share it with the internet.

Me enganché con esta banda: Weezer. Sus canciones más pavotas me parecen divertidas, pero también tienen temas más profundos o interesantes. De los primeros, se pueden mencionar Buddy Holly, Undone, Perfect Situation y Troublemaker, y de los segundos Do You Wanna Get High?, Say It Ain’t So, y Hold me.

Interesantemente, el disco Make Believe, que fue el que tuvo peor recepción entre sus seguidores, es el que a mí más me gustó. En Perfect Situation, un tema pegajoso, aparece una pregunta existencial. También, en la power balada Hold Me hay un pedido melancólico: “Eres alto como una montaña, profundo como el mar. Abrázame”. Finalmente, otros temas del disco contienen reflexiones interesantes: “Nunca pensé que podía haber alguien más importante que mis planes”.

Update (28/05/2016): Me corrijo. El disco que más me gustó hasta ahora es el último: The White Album.

Escuchá mi playlist en Spotify: Lo mejor de Weezer

Disclaimer: Este artículo se escribió en abril de 2014, y utiliza cifras y suposiciones basadas en la situación argentina de ese momento. Muy probablemente, en el lapso de un año (o menos) la información de este texto haya quedado obsoleta.

Hace unos días debatía con alguien acerca de la posibilidad o imposibilidad que tiene un joven de irse a vivir solo, hoy en día, en Argentina.

No nos pusimos de acuerdo. Ella consideraba que con un sueldo de unos $7000 pesos —y una buena administración de los gastos— es perfectamente posible mudarse a un departamento y vivir independientemente. Yo opiné que, teniendo en cuenta los gastos básicos, ese dinero no sería suficiente. Pero después de revisar algunos números creo que, a fin de cuentas, la respuesta se encuentra a mitad de camino entre las dos opiniones.

(más…)

Me paran por la calle y me encajan un folleto de Peugeot.

—Hola, ¿querés comprar un auto?

—Hola.

—Tenemos muchos planes. Cuotas chicas, de 1800, de 2000. Vos elegís.

—Claro. ¿Ustedes quiénes son?

—Nosotros somos de San Nicolás. ¿Querés que te tome los datos?

—Mirá, en este momento no estoy interesado en…

—Pero no importa, capaz lo comprás más adelante. Dejame tus datos y nosotros te llamamos.

—No, sabés qué, mejor los llamo yo si llego a estar interesado.

—No, pero es mejor si te llamamos nosotros, así te explicamos bien.

—¿O sea que si llamo yo me van a explicar mal?

(Se ríe.)

—Dejame tus datos y te contactamos.

—No, gracias.

—¿No querés dejarme tus datos? Te llamo, dale. ¿No querés que te llame?